Hablabas un idioma indecible
con palabras de carne.
Oh! por qué me perdí en tu mirada
por qué entré en tu alma
a través del espejo.
Tu ojos del color de la miel
tu alma amarilla.
Penetré en el círculo
donde vivían tus palabras
las contracciones del amor
la pérdida del tiempo
Hablabas un idioma indecible
que yo comprendía.
Luego fue el silencio.
Y del silencio de perderte
nacieron las palabras.
1 comentario:
Preciosa...
¡Qué casa tan fría!
Aunque, sin paredes, es más propicia para llenarse de luz recienacida.
Saludos
Flora
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