La otra tarde me decidí por fin a fotografiar esta ilustración de un viejo libro de Francesca Greenoak sobre flores silvestres. LLevaba días pensando en hacerlo y en escribir un post sobre la foto de esta anciana que nos muestra su ramito de brezo, con su cesta como de caperucita en el suelo, con el chal y el tocado y con una expresión que ya difícilmente se encuentra en las personas. Montse dice que es como su abuela Luisa. A mí me hace pensar en un mundo sencillo, mucho más sencillo que el que nos ha tocado vivir. Me hace pensar que hay otra forma de mirar al mundo, de relacionarse con la gente, con las cosas.Hoy he pasado el día fotografiando campanillas de invierno, subiendo y bajando por barranqueras y pastos, por bosques de hayas, tirándome en el suelo con la cámara en la mano. Continuamente venían a mi memoria las palabras de Thoreau: no fuera a ser que me llegara la muerte y me diera cuenta de que no había vivido. Ahora estoy con el ordenador, escribiendo y pensando en todo esto, contemplando la foto de la abuela Luisa (se ha quedado ya con ese nombre). Hay una forma de vivir más sencilla, más limpia, más cercana a las cosas. Me pregunto si una vida así todavía es posible. Yo tampoco quiero que la muerte me encuentre sin haber sabido vivir. Sin haber respondido, al menos, esa pregunta.
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